Alberto Donis Rodríguez, migrante guatemalteco y coordinador del albergue de migrantes Hermanos en el Camino, Ciudad Ixtepec, Oaxaca.

Alberto Donis es originario de Guatemala e intentó migrar hacia Estados Unidos en varias ocasiones. Desde hace cinco años, documenta y denuncia violaciones de derechos humanos a los migrantes y a las personas defensoras por parte de autoridades; además acompaña a víctimas de delitos. Su labor le ha generado varias amenazas.

“Soy originario de Guatemala y empecé a migrar desde los 19 años, después de que salí de mi preparatoria. Vengo de una comunidad rural de Guatemala, cerca de un pueblo campesino de Santa Rosa.

Actualmente soy coordinador en el Albergue de Migrantes Hermanos en el Camino, donde realizo varias actividades. Allí tratamos de dar a los migrantes un lugar, un espacio donde puedan sentirse confortables, que puedan comer, bañarse, hablarle a su familia para informar dónde están y lo que les ha pasado.

En lo personal, he estado varios años en la casa de tiempo completo, tratando de ayudar en lo que pueda. Me quedé en este país, en el albergue, porque fui asaltado por un policía, me robó. Yo soy el ejemplo, no necesito que me lo cuenten. Si me lo cuentan yo les creo, porque a mí me robaron varios policías federales en Chiapas. Yo traía mi dinero para poder viajar en autobús pero lamentablemente la policía me asaltó.

Cuando llegué al albergue iba camino a los Estados Unidos. Salimos de Guatemala a las cinco de la mañana y ese día, a media noche, estábamos llegando a Arriaga, fue cuando nos asaltaron. Preguntamos por el albergue porque nos dijeron que ahí estaríamos seguros. Llegamos y nos preguntaron cómo nos había ido en el camino, les dijimos que nos habían asaltado y robado. Ahí nos informaron que podíamos hacer una denuncia para que se investigara y enjuiciaran a los criminales, decidimos denunciar.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Ese día llegamos por la mañana, nos dieron de comer, descansamos en cartones, no había camas, no había nada, pero eso ya era bastante para nosotros. Al siguiente día, el padre Solalinde nos buscó, y nos dijo: ─Miren, ustedes tienen derechos en este país: cierto, no traen documentos, pero pueden viajar, la autoridad no está para asaltarlos, está para cuidarlos─. Él nos llevó con la autoridad, al Ministerio Público Federal, y pusimos una denuncia. Nos hizo el trámite con migración.

En ese momento, las personas víctimas de delito, migrantes, podían denunciar y regularizarse, obtener un permiso. Yo me regularicé de esa manera. Yo sigo siendo considerado por el Estado mexicano como víctima y testigo de delito por razones humanitarias. Ahora ya hay una nueva ley y todo ha mejorado un poco, por eso me quedé y empecé a involucrarme en las actividades de la casa para migrantes.

 

Nosotros platicamos con los migrantes, les informamos de sus derechos, de los peligros que hay en la ruta, les orientamos sobre cómo continuar su viaje. El tráfico de personas mueve mucho dinero, la gente no se percata de esto, no lo ve, pero hay muchos intereses y por cada persona cobran hasta 5.000 dólares por llevarla a Estados Unidos.

La única vez que sí he tenido miedo de que me hicieran daño fue cuando me amenazó el líder de la Mara Salvatrucha de Ixtepec. Nosotros los defensores siempre estamos allí expuestos, siempre podemos ser víctimas de un ataque, de una agresión, o amenaza.”

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

¡Conoce la historia detrás de un defensor/a!