Apolonia Plácido es defensora de los derechos de las mujeres indígenas en la región Costa Chica del estado de Guerrero. A través de su organización, la Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo Sánchez, se dedica a favorecer la promoción de la salud sexual y reproductiva, así como prevenir la violencia que sufren las mujeres indígenas en su región. Apolonia se encuentra bajo serias amenazas desde hace más de un año y es constantemente vigilada.

 

Soy de la comunidad de Buena Vista, municipio de San Luis Acatlán, Guerrero. Estoy en una organización de mujeres indígenas, donde estamos trabajando sobre el derecho a la salud sexual reproductiva, se llama Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo Sánchez. Ahí contamos con parteras, promotoras indígenas tlapanecas y mixtecas que hablan la lengua me’phaa y tun savi.

Las mujeres de las comunidades muchas veces no pueden expresarse en español, porque no fueron a la escuela, entonces se les acompaña para que tengan información. Ellas tienen miedo a estar cerca del hospital porque son analfabetas. En la organización hay una traductora que habla tun savi y las acompaña al hospital, gestiona cualquier cosa y también ayuda para que respeten la decisión de cómo atender el parto en el hospital: natural o con un doctor. La casa ha estado trabajando para que la mujer decida por sí misma, no que el doctor lo imponga, ni que la CAMI lo imponga, sino que tiene que ser decisión de ella. Estamos promoviendo también la medicina tradicional de la planta medicinal.

 

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Desde el 2002 – 2003, empecé a apoyar a las mujeres desde que fui vocal de Oportunidades, ellas no se podían expresar cuando no les llegaba su apoyo completo o les llegaba incompleto, entonces iban conmigo, desde ahí empecé a hablar con la gente para explicarles. En 2005 pues me invitaron a un foro nacional que fue en San Luis Acatlán, en un municipio que era foco rojo porque había mucha muerte materna, entonces fue un encuentro nacional que fueron diputadas, diputados, desde nacional. Hicieron un foro y fue mucha gente de las secretarías de salud, desde nacional, estatal y local estuvieron y se discutió sobre ese tema.

Hay gente que ha intentado entrar a la casa, investigar quién es Apolonia… Las compañeras que se quedan de guardia siempre dicen “no sabemos de ella, ella está en su comunidad, allá no entra servicio, no hay teléfono, no hay comunicación”. Nunca le dicen que si me fui pa’ca, me fui pa’lla.

Todo lo que nos han amenazado, desde que empezó a operar la casa, no lo registramos; ése es un problema que tenemos y ese riesgo va para toda la organización porque han querido hacer levantón, no es mal sólo para mí, sino que va para todas. Tal vez porque estamos enfrentando problemas con los maridos, hemos acompañado mujeres también con demandas en el ministerio público, con el juzgado. Esto me ha afectado porque sentimos que no nos dejan avanzar mucho y no nos dejan estar organizadas y como que nos debilita una parte y nos afecta a la salud, porque a veces me preocupo y no puedo dormir de noche y el miedo…Entonces me digo “no va a pasar nada y no nos van a hacer nada, porque no estamos haciendo cosa mala, estamos haciendo el bien común para la sociedad”. También digo que si eso lo dejo y me voy porque me dio miedo y me amenazaron, pues no vamos a avanzar, es como un obstáculo que nos ponen.

Exigir un derecho de los pueblos originarios, cuando algo no está bien, cuando no es justo, uno tiene que hablar. Eso nos da ánimos. El estado tiene que dar la justicia equitativa y no las injusticias que pasan: que están matando a mujeres defensoras, a mujeres que hablan, a mujeres que luchan.

Nosotros como mujeres y hombres y niños y ancianos tenemos que estar unidos porque si el pueblo está dividido pues no vamos a hacer nada tampoco. Quienes estamos trabajando no somos pocas, somos muchísimas y si se une esa fuerza, es otra cosa.

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

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