Lucila Bettina Cruz Velázquez, integrante de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio, Santa María Xadani, Oaxaca.

Bettina Cruz es defensora de la tierra y del territorio, del pueblo binni’zaa (zapoteco) al sur del estado de Oaxaca. La defensora integra el movimiento de resistencia civil contra los precios altos de la electricidad y la lucha frente a los megaproyectos eólicos. Ha enfrentado amenazas significativas debido a su labor por los derechos humanos.

Soy parte de la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y Territorio, trabajamos la defensa y resistencia de los territorios de los pueblos indígenas. Tengo más de 35 años defendiendo derechos humanos, luchábamos por la democratización del municipio, tenía 14 años y me involucré porque mi madre estaba ahí. Estudié Ingeniería Agrícola en la UNAM, por ese tiempo iban a haber elecciones, estábamos en la lucha de la democratización del municipio y tomamos las embajadas de la India y Guatemala, porque queríamos llamar la atención; sí visibilizamos la situación pero nos metieron a la cárcel, la gran mayoría estuvimos tres o cuatro días (algunos 6 meses) y nos torturaron.

Desde pequeña me han metido varias veces a la cárcel, una vez fue con mi madre; nos golpearon, nos amenazaban, ya sea el Ejército o la policía. En un desalojo del palacio municipal le rompieron la cabeza a mi madre y desaparecieron a mi hermano varios días.

En 2004 comencé un nuevo proceso de defensa, estamos organizados y organizamos. Somos parte de la población que sufre el despojo: indígenas (hombres, mujeres, campesinos, pescadores, comerciantes, jóvenes) que tienen derecho a la consulta libre e informada, cuando un proyecto llega al territorio. Pero eso no se hizo.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

La demanda es en contra de un mega-proyecto eólico transnacional. El capitalismo voraz, depredador, pone precio a bienes intangibles como el viento, el carbono, el agua y la energía solar. Hacen estudios y obtienen que nuestra región tiene un potencial altísimo para producir energía eléctrica, a partir de eso, ofertan el Istmo de Tehuantepec al mejor postor, llegan con engaños prometiendo empleo, desarrollo, trabajo. La mayoría de los campesinos son gente grande, monolingüe zapoteco o de otras etnias y no sabe leer ni escribir. Se aprovechan de las necesidades y la ignorancia de la gente, engañan diciendo que no va a pasar nada con la tierra: abren brechas para meter tubos, carreteras, los aerogeneradores que miden 80 metros y cuarenta la hélices, todo esto crea una serie de repercusiones físicas para el ser humano y a los animales que están pastando. Eso no lo dicen.

 

En febrero de 2011 me metieron a la cárcel, bajo el cargo “contra el consumo y la riqueza nacional” y “privación ilegal de la libertad”, porque trabajábamos contra las altas tarifas de la energía eléctrica —paradójicamente es cara la energía eléctrica en donde se produce con viento—, dijimos “no al pago”. No permitimos cortes. Encarcelaron y torturaron a compañeros, yo tuve que salir de Juchitán entre 2012 y 2013, porque hicimos una manifestación, gente armada nos desalojó y hubo un muerto, pero el muerto no fue nuestro, lo tiraron ellos. Hubo persecución y linchamiento mediático, se nos acusó de ser autores intelectuales y nos buscaban para matarnos. Dijeron que yo instigué a la gente a no pagar la luz, que hablé mal del presidente de la República, me hicieron un expediente y me detuvieron; me encarcelaron, aunque pagué una fianza tengo que firmar cada mes. Temo, pero el temor nos da fuerza y para cuidarnos.

Nos dicen: “ustedes no quieren el desarrollo”, pero nosotros no queremos ese desarrollo que nos imponen, queremos uno desde lo que somos, y ahí es donde estamos tratando de empezar pero es muy difícil. Están utilizando este proceso de criminalización para tenernos ahí. El Estado sabe que finalmente somos un peligro, porque somos gente que no se ha vendido.

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