Fray Tomás González Castillo, director del albergue de migrantes “La 72”, Tenosique, Tabasco.

Fray Tomás González es fraile franciscano. Por su labor de apoyo a miles de personas migrantes indocumentadas en su camino hacia Estados Unidos, ha recibido numerosas amenazas y hostigamientos por parte de autoridades locales y federales, así como del crimen organizado. Recibió el premio 2013 franco-alemán de derechos humanos.

“Soy Tomás González Castillo, originario de la ciudad de México y fraile franciscano. Trabajo en la Casa para el Migrante La 72 en Tenosique, Tabasco. El nombre se debe a la masacre de 72 migrantes en agosto de 2010 al norte del país; todo lo que pasó, el secuestro, la tortura y el asesinato de estas personas, se ha convertido en un símbolo que nos recuerda lo que debemos evitar. La 72 se encuentra a 60 km de la frontera con Guatemala.

Las personas con quienes trabajamos son en su mayoría centroamericanas, aunque también hay algunas que son cubanas, africanas y sudamericanas. Llegan, en promedio, 70 u 80 personas por día en temporada alta y en la baja 20 ó 30. Trabajamos 24 horas al día en tres áreas: asistencia humanitaria (comida, bebida, hospedaje y primeros auxilios); defensa y promoción de los derechos humanos (gestión migratoria, acompañamiento en el proceso de regulación por haber sido víctimas de delito o la estancia legal en el país); y en el cambio estructural, es decir, la incidencia con organizaciones para lograr una migración libre de violencia.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Nosotros recibimos a los migrantes en una situación de extrema pobreza, no traen suficiente dinero para seguir su camino, por ello se suben al tren carguero —La Bestia—, todos, absolutamente todos, son víctimas de algo. Por el hecho de salir de su país forzadamente son víctimas de un sistema económico que no los soporta; otros del enganchamiento, del tráfico. Al entrar a México, son víctimas de las instituciones migratorias, de la policía, de los tres niveles de gobierno, de las bandas delincuenciales, el crimen organizado y, finalmente, de una sociedad que no acaba de entender y los discrimina.

Debemos levantar la voz para que las y los migrantes tengan un tránsito digno, que no sean víctimas, pues son quienes sufren más. A mí me amenazan pero a ellos los matan, a mí me demandan pero a ellos los deportan y torturan. Las amenazas que yo vivo son telefónicas o por terceras personas que llegan con mensajes de muerte o de hacernos daño si no frenamos nuestra lucha. Las personas migrantes en este país son un negocio muy rentable para el crimen organizado: una persona centroamericana deja una ganancia de hasta 5,000 dólares, una persona intercontinental hasta 100,000 dólares, una persona cubana hasta 50,000 dólares.

Para las autoridades de seguridad, igualmente significan mucho dinero y para la sociedad también, por ejemplo en Tenosique hay negocios que les venden un refresco de $10 pesos en $50 pesos. Las personas migrantes parecen un objeto mercantil con el que lucran. Las agresiones impulsan nuestro trabajo, no hemos dejado en absoluto ningún día de atender a las personas. No hemos dejado de denunciar cada delito o cada violación de sus derechos. No dejamos de acompañarlos, incidir a nivel nacional, reunirnos con autoridades. Cada amenaza es un nuevo impulso para seguir trabajando… Sí, hay un miedo permanente, humanamente sería imposible que no afecte. No queremos ser héroes, ni mártires, ni caudillos, pero alguien tiene que estar haciendo este trabajo, estoy convencido de ello. Si viviéramos en una democracia verdadera, ni siquiera los defensores de derechos humanos existirían. Mientras no se ataquen las causas estructurales de la violación de los derechos humanos en este país, seguirán muriendo personas defensoras, ocurrirán masacres y tragedias.”

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