Janet Figueroa Sánchez, defensora por la justicia y la verdad, Xalapa, Veracruz.

Janet Figueroa es hija de Joaquín Figueroa, ejecutado extrajudicialmente junto a compañeros de trabajo por miembros de las Fuerzas Armadas en 2011. En su reclamo por la justicia, por su padre y para los familiares de otros ejecutados de este caso, encontró compadrazgos, corrupción y hostigamiento por parte de las autoridades del estado de Veracruz. La defensora tuvo que desplazarse dentro del país para mantener su seguridad.

“Mi nombre es Janet Figueroa Sánchez, soy originaria de la Ciudad de Xalapa. Mi papá, Joaquín Figueroa Vázquez, era mecánico, se dedicó cerca de 30 años a componer maquinaria pesada. Él fue ejecutado extrajudicialmente el 17 de junio del 2011 en un operativo denominado “Conago 1”, en el que el gobernador del estado, Javier Duarte, respondió a la iniciativa del presidente Felipe Calderón para combatir a la delincuencia organizada.

Los medios decían que el operativo había sido exitoso, que 11 sicarios habían mordido el polvo. Por todos lados se decía que los sicarios habían abierto fuego en contra de las fuerzas del orden y que ellos habían respondido, Nada de esto era cierto, la realidad era que habían modificado la escena del crimen, les habían sembrado armas.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Fue un shock enterarnos de la muerte de mi papá en esas  condiciones, sobre todo, porque lo estigmatizaron como delincuente. Decidimos denunciar el homicidio, estábamos profundamente dolidos, indignados.

Nos dedicamos a buscar todos los datos posibles, aunque esa investigación no tuvo muchos frutos, pues la gente tenía muchísimo temor a hablar. Decidimos ir a la procuraduría de justicia del estado a interponer una denuncia por homicidio, fue un proceso muy largo, era ir en contra de lo que el gobierno decía. Fuimos a la CNDH a interponer una queja porque habían participado fuerzas federales. A partir de ese día, empezamos a recibir amenazas y hostigamientos.

El procurador nos mandó decir que podíamos pedir lo que nosotros quisiéramos, incluso dinero, con la única condición de que dejáramos las cosas como estaban. Que no continuáramos con la denuncia penal ni con la queja en CNDH y que con eso nos iban a entregar lo que quisiéramos.

 

En algún momento nos ofrecieron quinientos mil pesos, pero no los aceptamos. Una de las periodistas, Regina Martínez, que atendió nuestro caso y lo publicó tal cual era, fue asesinada. A partir de eso y del constante hostigamiento, debimos dejar nuestra ciudad por seguridad, para continuar el proceso en otro lugar.

Nosotros decidimos continuar con el proceso a pesar del miedo que tenemos, y para eso, necesitamos estar vivos. Las autoridades le apuestan a nuestro cansancio, las instituciones tienen un absoluto desconocimiento de lo que son los derechos humanos.

Fue muy complicado asimilar que era defensora de derechos humanos, no es algo que elegí, se hace porque se tiene que hacer, me tocó hacerlo a mí. Tampoco es que fuera el sueño de mi vida. Asesinan a gente inocente y entonces a ti te toca salir de frente y denunciarlo, es difícil disfrutarlo cuando te lo imponen, cuando no es algo que tú decidiste, pero bueno, se tiene que hacer y se hace.”

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