Hna. Leticia Gutiérrez Valderrama, directora general de Scalabrinianas Misión para Migrantes y Refugiados (SMR) sección México, México, D.F.

La Hermana Leticia es religiosa y misionera, fundadora de la organización SMR Scalabrinianas, que acompaña y protege a las personas migrantes que se encuentran en México. Por defenderlas y denunciar los abusos que sufre esta población, Leticia Gutiérrez ha sido amenazada. En 2011, impidió que un grupo de personas xenófobas, incitadas por la autoridad, quemaran un albergue. En 2013, un grupo criminal le advirtió que está vigilando sus actividades.

“Tengo casi 20 años de ser parte de las Hermanas Scalabrinianas y diez años trabajando de manera directa en defensa de las y los migrantes. Mi trabajo inició con mujeres en materia de protección laboral. Hoy en día, en conjunto con las Scalabrinianas Misión para Migrantes y Refugiados SMR, acompañamos a personas migrantes y a sus defensoras y defensores, quienes por apoyar de manera solidaria a este grupo vulnerable han sufrido diferentes atentados. Atendemos de manera particular a migrantes víctimas de delitos como: privación de la libertad, secuestro, extorsiones, mutilaciones, violaciones sexuales, intento de asesinato, así como a los familiares de todos los y las migrantes que mueren en el camino.

La mayoría de las personas que atendemos son migrantes de Centroamérica, especialmente de Honduras, el Salvador y Nicaragua, casi todos en situación de pobreza o de inseguridad, emigran para buscar condiciones de trabajo más dignas; la violencia en sus países los obliga a emprender el viaje. A muchos de ellos, el crimen organizado busca cooptarlos para que entren en sus filas, otros, por haber formado parte de estos grupos se enfrentan inevitablemente a una persecución que se extiende a toda su familia, si quieren desligarse.

 

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Cuando pisé por primera vez el sur de México, fue muy impactante enfrentarme a la realidad de la migración. Primero al ver “La Bestia” repleta de personas y después, al conocer las historias de las personas. Recuerdo que el caso de unos adolescentes torturados me estremeció de tal manera que decidí que no sólo contemplaría tanta crueldad sino que buscaría un cambio.

Durante este camino, he vivido amenazas por parte del crimen organizado y me he enfrentado al desprestigio de medios locales que buscan asociarme como amante de algún defensor para desacreditar mis votos religiosos. Sabemos que las amenazas tienen muchas caras, desde el crimen organizado, el Estado en todos sus niveles, o en algunos lugares, la propia población que no acepta a los migrantes y a veces, la Iglesia misma no nos apoya. Incluso he optado por distanciarme de mi familia para protegerlos.

Estuve presente cuando intentaron quemar la Casa del Migrante en Lechería, en el Estado de México en 2012. En aquella ocasión el sacerdote del albergue, algunos defensores, varios migrantes y yo, decidimos quedarnos callados mientras la gente enardecida amenazaba con quemarnos.

 

Me preocupa que no cambie la situación de violencia para las y los migrantes, pero los problemas por resolver son tan viejos que se han enquistado en la historia no sólo de México, sino de muchos países de Centroamérica. Sin embargo, nosotros sabemos que nuestro trabajo es importante, cada vez son más quienes nos acompañamos en el camino, solidarios, comprometidos. Hemos visto algunos logros, por ejemplo, gracias a las denuncias de los migrantes se desarticularon tres grupos criminales.

Tengo una convicción religiosa: ser y hacer la voluntad de Dios, no en un sentido pasivo y resignado, sino tomando acciones para contrarrestar la violencia y buscar alternativas de paz. En nuestra labor de acompañamiento a los y las migrantes y defensores, buscamos que la gente pueda conocer la situación en que viven, ponerle rostro a las tragedias, que entiendan por qué estas personas deben salir de su país y cuál es su búsqueda. A veces, sólo es cuestión de preguntarnos qué haríamos para alcanzar una vida digna para nosotros, para nuestra familia, y la respuesta nos coloca más cerca de los viajes que enfrentan estas personas. Es verdaderamente doloroso que el camino que toman para superarse tenga como final, en muchísimos casos, la muerte. Por ello, es importante que toda la gente conozca a quienes defienden a estas personas, a quienes las ayudan en su tránsito. Los y las defensoras nos hemos vuelto abogados, jueces, médicos y psicólogos. En retrospectiva, veo que aquello que iniciamos para ofrecer a los migrantes comida y un techo, se ha transformado en una causa que apela al derecho internacional. Nuestro objetivo ha cambiado, ya no sólo queremos que puedan dormir, sino que puedan seguir viviendo”.

 

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

¡Conoce la historia detrás de un defensor/a!