María del Carmen Rioseco Gallegos, defensora de los derechos de las mujeres, Grupo Feminista Alaíde Foppa, Mexicali, Baja California.

María del Carmen Rioseco es defensora de los derechos de las mujeres y niñas desde hace 30 años, principalmente derechos sexuales y reproductivos. Actualmente atiende un programa de atención a trabajadoras sexuales junto con otras organizaciones. Fue hostigada en varias ocasiones por parte de la policía local y de las autoridades. Por promover el derecho a decidir de la mujer ha sido agraviada, sufrió intervenciones telefónicas y su organización fue víctima de robo.

Soy parte de la organización social llamada grupo de mujeres Alaíde Foppa, una asociación civil feminista constituida en 1993 para formalizar nuestra participación y articular el trabajo de toda Baja California. Al principio, nuestros temas fueron principalmente los derechos sexuales y reproductivos. He trabajado los derechos humanos de las mujeres desde muy joven, en la universidad, incluso antes de saber que era así. No sé con exactitud cuándo me convertí en defensora.

Actualmente, también trabajamos la violencia laboral, el hostigamiento y el acoso sexual que crea condiciones de inequidad y perjudica el salario, la vida de las mujeres y sus familias, como ocurre en espacios que casi nadie ve —o quiere ver—, como es el caso de las maquiladoras.

Desde la década de los 70, comenzamos a trabajar el pensamiento feminista. Después de eso, años de aprendizaje y la teorización con compañeras de Estados Unidos y de México nos dedicamos al activismo. Empezamos a trabajar la parte de la técnica legislativa e impulsamos el Instituto de la Mujer en Baja California, una experiencia que nos permitió conocer muchas ideologías.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Uno de los principales elementos para la liberación de las mujeres –no sólo en su sexualidad o pensamiento – para poder estar en todos los espacios, era el uso de los anticonceptivos. Al comenzar a utilizar los anticonceptivos, las mujeres podíamos regular nuestra fecundidad, escoger un trabajo, postergar el embarazo, tener menos hijos, competir por un empleo, terminar una carrera. Las oportunidades que se abrían podían acabar con la condición de doblemente explotada (madre y doméstica, obrera, campesina). Las mujeres fuimos capaces de tomar control de nuestra vida, de decidir a quién amar e incluso de tener diferentes prioridades.

Al defender los derechos sexuales y reproductivos de la mujer te encuentras con que el conservadurismo tiene mucho poder; la iglesia y el Estado históricamente han ejercido presiones en donde sólo una mujer puede decidir: en su propio cuerpo.

Con el transcurso del tiempo, hemos visto cambios en las leyes, aunque todavía vemos que se siguen restringiendo los derechos de las mujeres y de las niñas. Se han cometido actos ilegales por parte de las mismas autoridades, como fue el caso Paulina, una niña de 13 años que fue violada en la casa de su hermana, en un área muy pobre de Mexicali; denunciaron pero ella quedó embarazada, la mamá de Paulina no quería que su hija tuviera al bebé. Leímos sobre el caso en los medios —por ese tiempo dábamos talleres sobre la prevención de la violencia y el aborto— y decidimos actuar. Comenzamos a visibilizar el caso y a exigir que se respetara sus derechos. Hicimos una campaña importante que nos colocó ante amenazas y hostigamiento de instituciones y gobierno. Debido a todas las presiones, Paulina fue una madre de 13 años, pero conseguimos que se comenzara la reflexión y que la apoyaran con los gastos de su hijo.

Sabemos que nuestras acciones en los casos de acoso, violencia sexual y la decisión sobre el cuerpo de mujeres de todas las edades y niveles sociales, hace que muchos intereses se vean vulnerados, especialmente si se trata de esas comunidades de migrantes, indígenas o mujeres de escasos recursos, quienes intentan escapar de esa trampa de violencia sexual y económica que viven. Pero nosotros no dejaremos nuestra lucha, hemos visto cambios y estamos dispuestas a hacer mucho más.

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