Juan Carlos Trujillo Herrera / María Elena Herrera Magdaleno, familiares de personas desaparecidas y fundadores de Familiares en Búsqueda María Herrera, México, D.F.
En 2008, los hijos de María Herrera, hermanos de Juan Carlos Trujillo, Jesús Salvador y Raúl, desaparecieron en Guerrero cuando vendían piezas rotas de oro. Después de quedarse sin recursos en la búsqueda, en 2010, sus otros hijos, Gustavo y Luis Armando, volvieron al negocio. Ambos fueron detenidos en un retén militar y desaparecieron. María Herrera y Juan Carlos Trujillo han acompañado, asesorado, documentado y defendido otros casos de personas desaparecidas o no localizadas. Recientemente crearon la asociación Familiares en Búsqueda. Debido a su labor, han recibido amenazas en la búsqueda de la verdad.

Nuestra familia se ha dedicado a la recuperación de metal. Nunca hubiéramos pensado que nuestras inquietudes de hoy diferirían tanto a las que teníamos hace diez años. Antes de la desaparición de mis hermanos, los hermanos mayores nos preocupábamos por consolidar el negocio y así impulsar a nuestros hermanos menores. Debido a nuestro arduo trabajo, nuestro negocio se encontraba en un buen momento, llegamos a tener 101 empleados y 20 camionetas que recorrían casi todo el país.

El 28 de agosto, como parte de las labores cotidianas del trabajo, dos de mis hermanos y cinco trabajadores emprendieron un viaje de regreso de Oaxaca. En su vuelta a casa, decidieron pernoctar en Atoyac de Álvarez, Guerrero, sin sospechar que horas antes había ocurrido un enfrentamiento en la zona. Creemos que, quizá por el dinero y los metales que ese día portaban mis hermanos, los levantaron. Desde entonces nos los hemos vuelto a ver.

Una vez hecha la denuncia, comenzamos un proceso de investigación paralelo. Decidimos mostrar nuestros hallazgos a la procuraduría del estado, no sabíamos que en realidad, le estábamos entregando información al enemigo. En esa ocasión, nos llamaron para darnos avances sobre la investigación, lo que pasó a continuación nos sorprendió, nos presentaron con los delincuentes quienes horas mas tarde nos siguieron y hostigaron. Por ello,  decidimos guardar nuestros resultados y presentarlos directamente al gobierno federal, para evitar situaciones de riesgo.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Aunado a la situación de riesgo por la investigación que llevábamos, comenzó a faltar el dinero. Teníamos muchas deudas, por eso decidimos que dos de nuestros hermanos siguieran trabajando mientras otro hermano y yo continuaríamos con la búsqueda. Entonces sucedió lo peor, mis dos hermanos que continuaron trabajando en el negocio, también fueron levantados y desaparecidos, en una ocasión en que fueron a Veracruz a comprar y vender metal. Durante este proceso, mi padre y mi abuela murieron; como se puede ver, desde entonces mi familia ha vivido procesos que son verdaderamente devastadores.

En esa etapa yo había perdido la esperanza, me encontraba muerto en vida. Ha sido mi mamá quien ha mantenido la fe, ella nos sugirió acudir al Movimiento por la Paz en 2011. Acercarnos a este colectivo renovó nuestras fuerzas, reconocer nuestro dolor en otras personas nos permitió también curarnos un poco.

Como parte de nuestra labor formamos la asociación “Familiares en búsqueda María Herrera”. En lo personal, nosotros no nos considerábamos defensores de derechos humanos. Yo creía que un defensor era una persona con estudios, lo cierto es que nosotros, con nuestros recursos, nuestro dolor y la manera en que hemos aprendido del sistema y de los procesos, nos formamos a través de la experiencia. Yo comencé a hacer esto por mis hermanos, en este camino me he dado cuenta que proporcionar esperanza y resultados a otros, también me fortalece. La gente encuentra en mi mamá esperanza, depositan en su figura su confianza. Cuando se nos presenta un caso, ella siempre responde: “vamos a ayudarlas” y lo hacemos. Ayudar es nuestro motor, nos da la confianza de que vamos por buen camino, avanzamos compartiendo las experiencias de otras personas.

No tengo miedo a morir, no me veo muerto de enfermedad, agónico. No tengo garantías en la vida. Aunque este proceso me han golpeado y sé que algo malo podría sucederme, no me van a callar. Ya no pueden silenciarme y tampoco cambiar los logros que hemos conseguido. Mi peor enemigo hoy en día es el tiempo, que nuestra historia se olvide, que se torne un expediente más en el archivo.

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