María Luisa Garfias Marín, Colectivo Nosotras, Chilpancingo, Guerrero

María Luisa Garfias es miembro del Consejo para la Defensa de los Defensores de Derechos Humanos del estado de Guerrero y pertenece al Colectivo Nosotras del estado de Guerrero. También es integrante de la Red Guerrerense de Derechos Humanos, miembro de la Red de Mujeres Indígenas y actualmente trabaja con mujeres indígenas dándoles acompañamiento. Debido a su labor sufrió amenazas y allanamiento a su casa.

Tengo 60 años de edad, soy originaria de Matías Romero, Oaxaca. Vengo de una familia ferrocarrilera; mi padre participó y murió en el Movimiento Ferrocarrilero de 1958. Vengo de un partido de izquierda y feminista que se llamó Partido Revolucionario de los Trabajadores. Mientras existió, apoyó a la gente que menos tenía —gente pobre, trabajadora, discriminada, homosexuales, sexoservidoras—. Desde hace 38 años me he enfocado en trabajar por las mujeres, construyendo una sociedad donde podamos vivir con respeto, igualdad, en ejercicio pleno de los derechos. Me he dedicado a capacitar defensoras de derechos humanos en las comunidades indígenas; acompaño a la Procuraduría, a los juzgados, a todas las instancias donde se requiera, a mujeres que viven violencia familiar, sexual o institucional. Les enseñamos a las mujeres que tienen derecho a decidir sobre su cuerpo.

Son pocas las organizaciones en Guerrero que tienen en su agenda el aborto. Es un tema complicado. Hemos hecho público nuestro trabajo sobre el aborto. Además, hemos luchado contra los feminicidios, pese a que el gobierno del estado ha sido muy insensible, a  pesar de que Guerrero es uno de los primeros estados en el país con estos crímenes, cerca de 150 mujeres asesinadas y que son reducidos a hechos violentos o pasionales. Por eso empezamos un enfrentamiento público con la misma Procuraduría de Justicia del Gobierno del Estado. Debido a esto, dejamos de capacitar las agencias del Ministerio Público (MP), como lo estábamos haciendo.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Trabajamos principalmente con mujeres de colonias pobres, de comunidades marginadas, que no han sido atendidas cuando denuncian. Ellas viven una situación de injusticia ante la falta de atención, no quieren volver a denunciar y esto incrementa su riesgo porque siguen con sus parejas. Ahí comienza un riesgo para nosotras también.

En Guerrero, trabajar los derechos humanos de las mujeres ha sido, en los últimos años, complicado. Cada año, hay más de 1700 casos de violación sexual y más de 120 mujeres asesinadas, más de 2800 casos de mujeres en proceso de aborto, es decir que, a diario, más de 14 mujeres arriesgan su vida por interrumpir el embarazo.

Hace unos años, después de haber dado una entrevista por teléfono donde daba argumentos y datos de por qué era importante que se permitiera la interrupción del embarazo; cuando apareció la entrevista en la prensa, en la ventana había pegada una cartulina naranja que decía: “puta, perra, hocicona. Tienes atole en las venas. Sidosa”, y la blanca decía: “Cuando tres, cinco o 10 personas se organizan, eso se llama delincuencia organizada”. En ese momento el trastorno de ansiedad se disparó.

Tuve una reunión con las compañeras de la Red Nacional de Defensoras y dejé de hacer declaraciones. Todo esto ha afectado mi vida, a mi nieta, yo decía, “pues no le estoy haciendo daño a nadie”, sabía que afectaba intereses pero decía que no pasaría nada. Ese clima que hay en Guerrero, coloca en doble riesgo a las defensoras, no solamente está el temor al Gobierno del Estado que nos acusa de terroristas y busca la manera para inventar delitos, sino también el temor ante el narcotráfico que también ve amenazados sus intereses en los lugares donde hacemos trabajo. Es verdad que no queremos ser héroes, debemos de cuidarnos. Tampoco podemos salir a que nos maten, que nos golpeen. Contando nuestra historia, las futuras generaciones podrán buscar justicia por aquellas mujeres que han sido asesinadas, para construir un estado tolerante. Cumplir con la finalidad de que nos vean y que el gobierno nos respete.

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