Mariano López Gómez, integrante de la Asamblea Popular del Pueblo Juchiteco (APPJ), Juchitán, Oaxaca.

Mariano López defiende los recursos naturales (el mar y sus territorios) que les pertenecen a los pescadores y a los campesinos frente a los megaproyectos eólicos que se desarrollan principalmente en el municipio de Juchitán. Debido a su protesta contra empresas internacionales han recibido varias amenazas en su contra.

 

“Mi nombre es Mariano López Gómez y soy integrante de la Asamblea Popular del Pueblo Juchiteco, de la quinta sección (antes llamado el Barrio Lima). También pertenezco a la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo donde comencé, junto con otros, la lucha en contra del despojo que realizan las empresas transnacionales a los comuneros, campesinos y pescadores. Iniciamos en 2006 la experiencia de aprendizaje, sacrificio y nervios ante las impunes agresiones que hemos vivido. Ante tal situación nos sentimos impotentes e indignados porque no le estamos quitando nada a nadie, sólo estamos defendiendo lo que le pertenece a Juchitán.

Primero nos organizamos y acudimos algunos campesinos para explicarles el contrato que estaban firmando y exponerles la posibilidad de que estas empresas se quedaran con sus terrenos. Muchos quedaron incrédulos, decían que eso no iba a pasar y que no iban a existir afectaciones, que las empresas habían ‘hablado bonito’ y que por lo tanto, no les iban a hacer daño. Asumieron que les iban a pagar bien y que además les hacían socios, por lo que las ganancias se repartirían equitativamente.

 

 

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Del 2008 al 2009 logramos rescatar casi 1,000 hectáreas de terrenos que ya estaban arrendados por dicha empresa. Proceso en el que vivimos una represión brutal. En un intento de desalojo por parte de gobierno del estado de Oaxaca hacia la Asamblea Popular, ingresaron más de 140 elementos de la policía estatal a un campamento donde sólo estaban 20 compañeros. Su atentado tuvo un resultado fallido, no contaban con que el pueblo y la Asamblea se iban a solidarizar y apoyar.

Para nosotros ya no es raro que las empresas y el gobierno nos despojen. En una ocasión,  prohibieron a un grupo de pescadores el acceso al mar, les dijeron: ‘no pueden entrar, esto es un lugar privado, ustedes no tienen derecho de ingresar‘. ¿Desde cuándo el mar es privado? Todo esto causó molestia y hubo un enfrentamiento donde detuvieron a 9 indígenas. Hemos tenido varios enfrentamientos, las empresas contratan gente para pelear y hasta ponen cámaras para vigilar.

A lo largo de esta lucha, todos hemos recibido amenazas de sicarios (que son muy conocidos en la región), nos llaman para decirnos que nuestros días están contados. Cuando recibí una de estas llamadas, lo conté a mis compañeros y ellos me protegieron y cobijaron, entonces formamos la Asamblea. Han acusado a la Asamblea de diferentes delitos, entre ellos,  la intención de asesinar a policías.  Sin embargo, nosotros nunca hemos entrado al cuartel, ha sido la policía quien ha entrado a nuestros campamentos con cascos, gases, armas y escudos a golpearnos y encarcelarnos. Hemos participado en diferentes mesas de diálogo que no han servido para nada,  el gobierno no lo quiere reconocer.

 

 

A mí me fabricaron un delito, me aprehendieron en pleno centro de la ciudad, me tiraron en el piso, me levantaron y me encañonaron. Me subieron en un vehículo y pusieron mi cabeza sobre el piso del coche. Tenían la intención de desaparecerme pero pude hablar por teléfono con una persona defensora de derechos humanos; cuando me preguntaron con quién hablaba por teléfono les dije con quién. Esta persona se lo informó a alguien más y dijo: ‘bueno, pues cambio de planes, vamos a trasladarlo a Salina Cruz‘, lugar donde me negaron el derecho de comunicarme con mi familia o con los compañeros.  Ahí me dieron un trato inhumano y me llevaron ante el juez quien afirmó que yo era una persona de alta peligrosidad. Estuve recluido en una celda de castigo, salí porque no encontraron pruebas contundentes. Todo esto me ha cambiado la vida, ya no acudo tan fácilmente a lugares públicos y cuando algunos familiares quieren que vaya a una fiesta, no voy por cuestión de seguridad, ya que me han intentado secuestrar.

Estoy pensando seriamente en darme un descanso, apartarme y continuar participando de otra forma.  Físicamente estoy cansado, ya me cansé mentalmente; estoy muy agotado.  Anímicamente, me ha afectado mucho, pero el compromiso me hace seguir, queremos que esta semilla sea una flor de solidaridad y hermandad.”

 

 

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