Meritxell Calderón Vargas, abogada e integrante de la Red Iberoamericana Pro Derechos Humanos, Tijuana, Baja California

Meritxell Calderón es activista desde hace 20 años. Se ha enfocado en defender los derechos de los migrantes, de las personas con adicciones, pues creció en un centro de rehabilitación para pacientes adictos a la heroína. También protege los derechos de las mujeres y de la población LGBTTI. Esta labor le ha ocasionado detenciones, amenazas de muerte y robos múltiples de su material.

Soy Meritxell Calderón Vargas, de la Red Iberoamericana Pro Derechos Humanos. La fundamos en 2004, junto con la Liga española Pro Derechos Humanos. En México comenzamos a laborar como Red en 2008 en el Distrito Federal.

He sido activista desde los 14 años de edad. Ahora entiendo que las personas víctimas de violaciones a los derechos humanos lo que más necesitan no es que sepan defenderse, porque eso lo aprendieron en diferentes etapas de su vida, sino asuntos como papeleo o ayudarlos a conseguir trabajo. En algún momento de mi vida, la idea de incidir políticamente me llevó a trabajar dentro de los partidos políticos, pero cuando vi que había un gran desinterés por parte de la izquierda mexicana en los Derechos Humanos, supe que no lograríamos nada.

 

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

 

Ahora, en la Red, trabajamos con mujeres transexuales y de diversidad sexual con adicciones, además migrantes que tengan este problema con las sustancias y también quienes no lo tienen. Lo que buscamos es una protección real a las víctimas y trabajar el tema de la corrupción dentro del Estado y de la sociedad civil. Por ejemplo, algunos refugios para mujeres víctimas de violencia donde no aceptan mujeres con adicciones o mujeres lesbianas porque nos les conviene; porque les quitan el fondo. En este sentido, se comienza a discriminar por la apariencia física, por situación de salud, porque aquí las personas con adicciones las avientan a centros de rehabilitación sin saber si quieren en realidad rehabilitarse o no. La rehabilitación es una opción, en todo caso es un derecho, no es una obligación y aquí se maneja como algo obligatorio.

Las amenazas han sido diversas, en un principio, cuando llegaba a mi casa, encontraba oficios de gobernación en un folder, debajo de otro libro, así se evidenciaba que alguien había estado dentro de mi casa. Después, la computadora se apagaba como por arte de magia. De repente se iba el internet o la luz. Tiempo después, comenzaron los robos de carros, o desaparecían chamarras, expedientes o material de trabajo. Vivimos mucho la intimidación, tropas dando tres o cuatro vueltas y policías que bajaban la ventanilla para apuntarnos con armas largas y reírse de nosotros. Más adelante, comenzaron a sobrevolar drones, con cámaras grandes o pequeñas, grabando nuestras conversaciones, ni de broma hablamos al aire libre. 

 

 

Creíamos ser organizaciones tan pequeñas que no afectábamos los intereses del Estado al convocar a las marchas por los derechos de las mujeres, o por la visibilidad trans. El miedo es palpable, por ejemplo, a la marcha de las putas, hace tres años asistieron 800 mujeres, hace dos 300 y el último año 150. Parece que son temas que no les afectan, no estamos señalando a un Estado violador de Derechos Humanos, estamos hablando simplemente de que las mujeres queremos tener derecho a vestirnos como se nos de la gana y a no ser violadas y abusadas.

En la vida personal es difícil, mis amigos bromean que ya no quieren darme likes en Facebook, incluso en los bares que frecuentamos me dicen: “nos da miedo cuando vienes, porque sabemos que puede llegar un operativo”. Nos reíamos al principio, pero la realidad es que cada vez más la gente se aleja de nosotras, nos identifican como personas revoltosas. La sociedad ha criminalizado la protesta social, te excluyen de ciertos grupos, sobre todo aquí en Baja California que es un sitio conservador. Laboralmente, sucede lo mismo, no te dan ciertos trabajos. Cuando nos dimos cuenta de eso, buscamos ser visibles, cuando alguien llega para pedir defensa, le decimos “sí te vamos a defender pero debe ser público, porque si lo hacemos calladito nos van a joder a los dos”. Sólo visibles la lucha puede seguir, sabemos que cada vez más son los inconformes y no solamente nosotros.

 

Red Iberoamericana Pro Derechos Humanos
Fb. https://www.facebook.com/rediberoamericanadh

blog. http://alertadegenerobc.org/

 

 

 

Descarga y/o Comparte las postales

 

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

¡Conoce la historia detrás de un defensor/a!