Nélida Reyes Guzmán es trabajadora de taquilla del Metro del Distrito Federal e integra Intersindicalistas, Trabajadoras de taquilla, STC, México, D.F.

Desde 1983, Nélida Reyes ha impulsado acciones para democratizar las condiciones laborales con una perspectiva de género. Ha sido víctima de discriminación y acoso laboral por parte del Sindicato del Metro de la Ciudad de México al reclamar sus derechos. Ha recibido amenazas de violación y sujetos desconocidos le dispararon en su lugar de trabajo.

 

“Entré a trabajar al Metro el 16 de diciembre de 1983, en ese entonces recién había pasado un “charrazo”, es decir, que el sindicato tomó por asalto al nuevo comité que había sido elegido democráticamente y con eso dio un golpe político y lo destituyó por la vía de la violencia.

Ser taquillera en la ciudad de México es un escalón menos que ser narco, hay una descalificación muy grande. En mi área, el 90% somos mujeres, la gran mayoría madres solteras y el único sustento familiar. En las taquillas se vive una problemática de encierro, para ir al baño se debe cruzar la estación. El sindicato está encabezado desde hace 30 años por la misma persona, al principio su actuación era muy violenta, represiva y no permitía el más mínimo asomo de disidencia. Nosotros habíamos formado una organización llamada Coordinadora de Trabajadoras Democráticas y teníamos un periodiquito que todavía se reparte, se llama “La conciencia”. Las principales demandas eran la democracia sindical. Que no tuviéramos unas elecciones donde solamente había una planilla. Eso es una farsa del sindicato.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

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Un 26 de julio estábamos en la zona de pago, donde se reúnen muchos trabajadores y yo vi cómo llegó el sindicato con unos directivos para golpearnos. Fue una experiencia muy difícil. Nuestro tramo de trabajo es de cinco estaciones. En aquel entonces pasábamos dos meses en cada taquilla. Una jefa dijo que mejor se pasaran tres meses por cada estación, estar tres meses en una estación como Indios Verdes es muy cansado, porque nunca dejas de ver un usuario en tu ventanilla. Comer es difícil porque la presión es mucha por parte de la gente. Por ese entonces, hacíamos faltas colectivas para exigir aumentos y demás, lo cual era muy interesante pero muy riesgoso, a la tercera falta colectiva entró el Ejército a las instalaciones y hubo muchos despidos.

Un día llegaron dos tipos corriendo, se pusieron atrás y, cuando quise saber qué pasaba, uno de ellos me apuntó con un arma, cuando tuve contacto visual con el tipo me dije “me viene a matar a mí”, sentí la presencia de la muerte y escuché el disparo. No sé cómo moví la cabeza, en millonésimas de segundo, la bala me pasa rozando, tenía una quemadura en la cara. Creo que la bala se alcanzó a desviar en el vidrio.

Por las arbitrariedades y despidos injustificados de nuestros compañeros hicimos una huelga de hambre. Después de ocho días en la huelga, llegó el gerente de jurídico y el de personal, nos dijeron que iban a revisar el caso pero que paráramos la huelga… A los 18 días levantamos la huelga de hambre porque se logró la reinstalación y se logró que los compañeros regresaran a trabajar. Sin embargo, la lucha ha seguido, hemos denunciado arbitrariedades e incluso hemos logrado que algunos jefes corruptos sean destituidos, pero dentro de nuestro trabajo está el peligro.

 

Cuando salimos a trabajar, yo salgo a las cuatro de la mañana, me fijo quién está, si hay gente, carros circulando. Procuro no decir cosas importantes por teléfono. Hemos hecho denuncias en el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) por discriminación. Nos acaban de decir que la queja ya pasó a denuncia en la PGJ (Procuraduría General de Justicia).

Yo aprendí que decir la verdad era algo bueno, pero decirla es un peligro. La verdad es peligrosa para los intereses de la gente. Es tan peligrosa que te pueden desaparecer, es tan peligrosa que te pueden matar, disparar. Nosotras tenemos que pegarnos a la pared del andén y sólo nos acercamos cuando el tren está parado porque te pueden aventar a las vías. Tener conciencia de eso es terrible.”

 

Intersindicalistas, Trabajadoras de Taquilla STC

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