Silvia Pérez Yescas, fundadora de Mujeres Indígenas por CIARENA, Conservación, Investigación y Aprovechamiento de los Recursos Naturales, Lombardo, Oaxaca.

Silvia Pérez, de origen chinanteca, es luchadora social desde 1972. Fundó en 2001 la organización CIARENA que defiende los derechos y la autonomía de las mujeres y pueblos indígenas en Oaxaca. Por denunciar los abusos de poder del estado y defender a las compañeras víctimas de violencia doméstica, fue atacada por más de diez personas que rodearon su casa y amenazaron con matarla junto con un familiar. Silvia Pérez se vio obligada a desplazarse de la región.

“Mi nombre es Silvia Pérez, soy indígena zapoteca chinanteca, originaria de San José Arremanzo, del municipo de San Juan Galana, en el estado de Oaxaca. Trabajo para la organización Mujeres Indígenas por CIARENA, Conservación, Investigación y Aprovechamiento de los Recursos Naturales.

Lo que me llevó a defender derechos humanos fue la situación de violencia que vivimos dentro de nuestras comunidades las mujeres indígenas —de cualquier edad, desde que somos niñas—. Debido a esto, yo me involucré desde los 16 años, primero en el movimiento por la defensa del territorio de recursos naturales.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Cada vez que desarrollamos nuestra labor, nos encontramos con los mismos obstáculos. El primero, que no aceptan cuando las mujeres empiezan a hablar de sus derechos; a los hombres no les gusta, principalmente por el machismo que se vive, no sólo en Oaxaca, sino en todo México. El problema se complica cuando tocas intereses de los grupos que están en el poder, de aquellos a quienes no les conviene que las mujeres indígenas tengan voz.

El trabajo de defensa de los derechos humanos afecta incluso la parte personal, especialmente porque van jugando con tu resistencia. Al momento de no poder trabajar bien, tampoco puedes cumplir con tus objetivos. Cuando nosotros nos proponemos dar a conocer a las compañeras sus derechos y la importancia de que los ejerzan, van dificultando que podamos comunicar ese mensaje y el enorme aprendizaje que vamos teniendo en nuestro caminar.

La mejor manera en que hemos aprendido a superar estos obstáculos es armándonos de paciencia y trabajando como hormiga, poco a poco, hablando con las compañeras. Y también con algunos hombres, es un trabajo de crear conciencia.

A veces creo que es una utopía imaginar un México justo para las mujeres indígenas, en donde puedan reconocer nuestros derechos humanos, donde exista justicia y posibilidades para las jóvenes, para las niñas indígenas y que ellas sean quienes puedan continuar con el trabajo que hemos iniciado: la búsqueda de que tomen en cuenta nuestra voz y nuestra palabra.”

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