Yésica Sánchez Maya, abogada feminista, directora adjunta de Consorcio para el Diálogo y la Equidad Oaxaca (Consorcio Oaxaca), Oaxaca de Juárez, Oaxaca.

Yésica Sánchez trabaja por los derechos de las mujeres en Oaxaca. Previamente defendió a víctimas de la criminalización de la protesta durante el conflicto social de Oaxaca en 2006. Actualmente trabaja sobre detención arbitraria, defensa del debido proceso legal, feminicidio y protección a defensoras en riesgo. Por ello, ha sufrido intimidación y difamación y la sede de su organización fue allanada en dos ocasiones en menos de un año.

Soy una mujer feminista, defensora de derechos humanos. Tengo más de 10 años trabajando formalmente. Desde que hice las prácticas profesionales en derecho, observé cómo se manipulan expedientes contra indígenas y cuando confronté al abogado respondió “bienvenida a la realidad”. Fue como un despertar y darme cuenta que todo lo aprendido en la escuela era al revés.

A partir de 2003, y durante cinco años, empecé a fungir como presidenta de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (LIMEDDH) Oaxaca. En 2006, cuando estalló el conflicto en Oaxaca, enfrenté difamación, descalificación, estigmatización, lo más fuere fue tener miedo a la tortura, desaparición y asesinato. Por ese tiempo tenía una orden de aprehensión; aunque me decían que me fuera, yo no lo tomé como alternativa porque nunca he sido violenta y no hacía nada malo. Definitivamente la descalificación ha sido una constante en mi vida, el riesgo no me aturde, por el contrario me invita a actuar.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

Hoy en día, puedo dar testimonio de lo que implica también la criminalización a la labor de defensa de los derechos humanos. Por ello, en 2008 cerré un ciclo de mi vida y la idea de tener una familia. Por ese tiempo, también me fui a estudiar a Costa Rica, para empezar a cuidarme y cuidar la nueva vida.

Me fui a trabajar a una organización feminista creyendo que sería más tranquilo, pero comencé a encontrarme con una realidad terrible; aunque son justo los casos que parecen difíciles, los que más me interesan. En la organización, apoyábamos a las mujeres de Nayarit que se encontraban en reclusión, las rapaban y era estremecedor verlas moreteadas, golpeadas… Cuando ves eso, es cuando sientes que debes moverte, mostrar lo que sucede e ir a la prensa para que todos sepan. Con la organización, entendimos que mientras el Estado no sienta que peligran sus interés, nuestra vida está a salvo, sin embargo, eso resulta imposible cuando el trabajo se centra en casos de feminicidio y violencia. Un día, allanaron nuestras oficinas y fue entonces cuando nos asumimos en riesgo y no por cobardía sino para emprender acciones.

Hemos aprendido a trabajar en red, a nivel mesoamericano tenemos alrededor de 100 compañeras; a nivel nacional 180 y 70 a nivel local. Es fundamental vincularse y trabajar en red, no sólo por las amistades que se tejen sino por la cobertura y la fuerza.

Nosotras comenzamos a buscar cobertura, dejamos a un lado el concepto de heroínas sufridas, ‘somos víctimas del Estado, no debemos victimizarnos’. Pusimos en práctica lo aprendido con las mujeres víctimas de violencia, ellas que son capaces de empoderarse. Y creemos que hacia allá se enfoca el trabajo de los y las defensoras, hacia la dignidad, el reconocimiento, el poder y el deber. La fuerza de ser visibles nos permite seguir trabajando y construyendo. La vocación de las y los defensores es igual que cualquier profesión incluso en los salarios, victimizarse empieza por creer que defender derechos humanos es un sacrificio por el cual no se obtienen nada más que amenazas.

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

¡Conoce la historia detrás de un defensor/a!