Zuzana Oviedo Bautista, Comunidad Raíz Zubia, Acapulco de Juárez, Guerrero.

Zuzana Oviedo promueve el derecho a la información, la transparencia y la rendición de cuentas. Acompaña a jóvenes, niñas, niños, mujeres indígenas, así como a mujeres víctimas de violencia y campesinos en el estado de Guerrero. Los integrantes de su organización han recibido amenazas, intentos de criminalización y hostigamientos.

“Mi nombre es Zuzana Oviedo Bautista, soy originaria de Tula de Allende, Hidalgo. Tengo 49 años, mi organización es Comunidad Raíz Uviel. Trabajamos con toda la población en defensa de los derechos humanos: niños, adolescentes, discapacitados, mujeres indígenas, mujeres violentadas, campesinos. Colaboramos con organizaciones, personas o instituciones. Si alguna compañera o un niño nos platica una violación a sus derechos, intervenimos también; siempre y cuando nos lo pidan.

Nuestro trabajo parte del derecho a saber que tenemos derechos: a tener información (en qué se gastan los recursos públicos, por ejemplo), acceso a la transparencia y rendición de cuentas. En esta búsqueda te encuentras corrupción y amenazas: “bájale porque ahorita como está todo, te pueden pasar muchas cosas”, dicen algunos. Otros llaman por teléfono para intimidar o dejan periódicos donde aparecen mujeres asesinadas.

Exige a las autoridades que actúen

para que México deje de ser uno de los países más peligrosos del mundo para las personas defensoras de derechos humanos.

¡Alza la Voz!

En nuestro trabajo necesitamos de organización, apoyo, fuentes de financiamiento. Pero nos fortalece el trabajo en red con grupos que, si bien no se reconocen como defensores sino como promotores de trabajo productivo, nos orientan en temas concretos. Nos ayudan a conseguir recursos, ya sea monetarios o asesorías. Intentamos movernos juntas, acompañarnos incluso cuando alguna de nosotras es asesinada. Hemos aprendido a ser pacientes, esperar que los procesos lleguen a su fin, leer, investigar, mirar lo que sucede en otros países.

Yo no me asumía como defensora de derechos humanos, ni siquiera mis compañeras. Entonces vivimos un proceso de análisis, de reflexión, de experiencia con otras organizaciones y dijimos: “sí somos, porque estamos en la defensa de un derecho, dentro de los marcos legales”. Eso es fundamental, que los niños, las mujeres, campesinos o discapacitados, sepan que existe un marco legal, en donde manifestarse públicamente no es ilegal y el Estado debe garantizar nuestra seguridad, la paz en nuestros pueblos.

Lo que me llevó a defender derechos humanos fue la injusticia; el saber que no existen las mismas condiciones entre géneros. En un principio, las dificultades de mi labor consistían en estar inmersa en un sistema dirigido por hombres que no se encontraban educados en la situación de género, la igualdad no ha sido entendida a cabalidad y la diferencia tampoco.

Creo que todas y todos tenemos miedo, no queremos perder la vida, sabemos que somos vulnerables por tocar intereses de gente poderosa. Entramos a zonas pantanosas, tenemos que pensar, buscar medidas y eso es lo que hemos hecho: acompañarnos, estar en grupos de dos. Aprendemos a ver dónde pisamos. Muchas de las compañeras, al vivir la violencia institucional, se alejan, incluso piensan mucho hasta para firmar un documento, me dicen: “No Susana, yo tengo hijas, no puedo”. Intento explicarles que volverá a pasar si no lo resolvemos, pero el miedo tiene ese efecto.

Lo que nos da posibilidad de seguir, de vivir, es que esta labor quede. Que la vean, que externemos todo lo que hacemos y a lo que nos enfrentamos. Que la gente escuche, incluso nuestros enemigos; que ellos sepan que los vemos, que los conocemos y sabemos cómo actúan, dónde mueven intereses. Que sepan que yo lo sé, que todos lo sabemos, eso es lo importante.”

Descarga y/o Comparte las postales

¡Ayúdanos a esparcir la voz!

¡Conoce la historia detrás de un defensor/a!